El ego es el peor asesor de un líder

He aprendido que liderar también implica saber escuchar aquello que no necesariamente quiero escuchar. Cuando una persona ocupa una posición de liderazgo, puede ser muy fácil comenzar a creer que sus decisiones siempre son las correctas, que su experiencia es suficiente para resolver cualquier situación y que cuestionar sus ideas significa cuestionar su autoridad. Ahí es donde el ego puede comenzar a interferir con la manera en que dirige.

El ego no siempre se presenta de una manera evidente. No necesariamente significa arrogancia, soberbia o una actitud autoritaria. También puede aparecer cuando me cuesta reconocer un error, cuando necesito tener la última palabra, cuando rechazo una propuesta porque no surgió de mí o cuando considero que pedir ayuda demuestra falta de capacidad. Todas estas conductas pueden afectar la relación que construyo con las personas que trabajan conmigo.

Como líder, tengo que aceptar que no siempre voy a tener la respuesta correcta. Mi responsabilidad no consiste en saberlo todo, sino en tomar decisiones responsables y mantener la disposición para aprender. Cuando reconozco que puedo equivocarme, abro espacio para recibir información que quizá no tenía y para escuchar perspectivas que pueden mejorar una decisión.

La investigación sobre liderazgo humilde ha encontrado una relación positiva entre la humildad del líder y distintos resultados dentro de los equipos. Una revisión y metaanálisis de 2023, que integró 212 estudios, encontró asociaciones importantes entre la humildad del liderazgo, la satisfacción de los colaboradores y la toma participativa de decisiones. También encontró una relación con el desempeño de equipos y colaboradores.

Para mí, reconocer un error no disminuye mi autoridad. Al contrario, me permite asumirla con mayor responsabilidad. Si tomo una decisión equivocada, lo correcto es reconocerlo, analizar qué ocurrió y corregir lo necesario. Intentar justificar cada decisión solamente para proteger mi imagen puede terminar afectando la confianza que otras personas tienen en mí.

También tengo que aprender a escuchar cuando alguien de mi equipo piensa diferente. No necesito aceptar automáticamente todas las opiniones, pero sí necesito darles un espacio real. Una persona que siente que puede expresar una preocupación, señalar un problema o proponer una alternativa está aportando información que puede ser importante para la organización.

El liderazgo humilde implica, precisamente, tener una percepción realista de uno mismo, reconocer las contribuciones de los demás y mantener una disposición constante para aprender. Estos elementos han sido identificados de manera consistente dentro de la literatura especializada sobre liderazgo.

El problema aparece cuando confundo autoridad con infalibilidad. Tener un cargo, dirigir un equipo o tomar decisiones importantes no significa que deba demostrar constantemente que tengo la razón. Mi responsabilidad está en conducir al equipo hacia los objetivos establecidos, generar condiciones para que las personas puedan hacer bien su trabajo y asumir las consecuencias de las decisiones que tomo.

También debo estar atento a la necesidad de reconocimiento. Cuando todo tiene que llevar mi nombre, cuando necesito recibir el crédito por cada resultado o cuando me incomoda que alguien de mi equipo destaque, mi ego ya está ocupando un espacio que debería estar destinado al liderazgo. Un equipo saludable necesita reconocer el trabajo de quienes participan en los resultados, no solamente de quien ocupada la posición de mayor autoridad.

La evidencia disponible también señala que la humildad del líder puede relacionarse con confianza, compromiso, creatividad, satisfacción laboral, participación y desempeño. Un metaanálisis publicado en Frontiers in Psychology analizó 84 correlaciones provenientes de 53 estudios independientes y encontró asociaciones positivas entre liderazgo humilde y diversos resultados individuales y organizacionales.

Eso no significa que un líder tenga que ser inseguro o renunciar a su criterio. Puedo tener convicciones firmes y, al mismo tiempo, estar dispuesto a escuchar. Puedo tomar una decisión después de analizar distintas opiniones y asumirla con claridad. La humildad no elimina la autoridad ni la responsabilidad; me ayuda a ejercerlas con mayor conciencia.

Para mí, una de las preguntas más importantes que puedo hacerme antes de tomar una decisión es si estoy actuando por el bien del proyecto y de las personas involucradas o si estoy intentando proteger mi orgullo. La respuesta puede ser incómoda, pero también puede ayudarme a reconocer cuándo mis emociones están influyendo en mi manera de dirigir.

El ego también puede impedirme reconocer el talento que tengo alrededor. Si considero que todo debe pasar por mí, termino limitando la participación de otras personas. Si permito que mi equipo proponga, cuestione y participe, puedo aprovechar conocimientos y capacidades que no necesariamente tengo.

Un análisis publicado en 2025, basado en más de un centenar de estudios, encontró evidencia de que la humildad del líder puede favorecer resultados positivos para los colaboradores y que parte de ese efecto está relacionado con la calidad de la relación entre líderes y colaboradores y con el compromiso laboral.

Por eso creo que un buen líder necesita revisar constantemente la manera en que está ejerciendo su autoridad. Necesito preguntarme si estoy escuchando, si estoy reconociendo los esfuerzos de los demás, si estoy aceptando mis errores y si estoy permitiendo que otras personas crezcan dentro del equipo.

El liderazgo también requiere autoconocimiento. Si no conozco mis propias limitaciones, difícilmente podré reconocerlas cuando estén afectando mis decisiones. Si no soy capaz de cuestionarme, terminaré tomando decisiones desde mis certezas personales sin considerar toda la información disponible.

No necesito tener siempre la razón para liderar. Necesito tener la madurez suficiente para reconocer cuándo estoy equivocado. Necesito escuchar antes de responder, preguntar antes de asumir y aceptar que una buena idea puede venir de cualquier integrante del equipo.

El ego puede decirme que debo demostrar que sé más, que debo tener la última palabra o que reconocer un error afectará mi posición. Yo prefiero recordar que liderar también significa aprender, escuchar y reconocer el valor de quienes están a mi alrededor.

Al final, un líder no se mide únicamente por las decisiones que toma, sino también por la capacidad que tiene para construir confianza, desarrollar personas y reconocer cuándo necesita cambiar de rumbo. Cuando dejo que el ego tome las decisiones por mí, dejo de escuchar aquello que podría ayudarme a mejorar.

El ego puede querer tener la razón. Un buen liderazgo necesita tener la disposición para encontrarla.